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¡RedondETe a la conquista!

Queda dicho, mi objetivo final en esta visita a La Tierra no es otro que la conquista total. No había yo caído en que para lograrlo hace falta o bien un cuerpo de atleta o bien una inteligencia superior. Descartado lo de la inteligencia superior por razones que no vienen al caso (tienen que ver con cierto parentesco entre los dos entes energéticos que me procrearon), no me queda otra opción que poner mi cochambroso envoltorio humano en forma.

Cabe aquí que inserte una serie de reflexiones que aparecerán salpicando el texto (como lágrimas en la arena y tal) en las que explicaré cómo de complicado es, para un ser energético como yo, energético y dado a los excesos, comprender y saber utilizar adecuadamente un cuerpo humano.

Para empezar, he de deciros que depender de la materia es un atraso, pero lo de tener articulaciones es de juzgado de guardia. Y, claro, con el peso, las articulaciones funcionan peor… y yo tengo el cuerpo sobrado de kilos y de cosas que estorban para la cosa articulatoria.

Soy nuevo en un cuerpo de humano y hasta ahora sólo sabía las bondades de los excesos. Ahora me va a tocar encontrarme con el duro trabajo de ponerse en forma.

Así que toca contaros cómo me ví envuelto en la historia de cómo conocí a Torquemada y cómo me desenvolví…

Uno de nuestros dos entrenadores es hace sufrir a RedondETe del tal modo que este lo ha denominado Torquemada
¿Quién de ellos será Torquemada?

Andaba yo paseando por la urbe a la altura de la ronda de Alarcos (me encantan los amplios bulevares ciudadrealitas y sus rigores climáticos) en modo vaca, caminando lento y rumiando unos churros recién adquiridos en número par no inferior a 14 como mandan los cánones. Con el aceite de la delicia frita en las manos, se me resbaló el reloj, que como no me cabe en la muñeca lo llevo rodeando los dos dedos menos inflamados de mi mano izquierda. Es elegante, pero poco práctico y, de hecho, problemático si se van comiendo churros. Las anchoas también dan problemillas, pero esta momificación aceitosa la consumo solo de allá para cuando si voy por la calle, llamadme raro.

El caso es que me agaché a recoger el reloj con la mala suerte de que una de esas articulaciones anteriormente citadas se vio colapsada ante la necesidad de aguantar el peso del resto de la osamenta y chicha y caí de hinojos mirándome las enaceitadas manos como el Pilatos aquel que corre por las calles capitalinas en la época de las torrijas.

Un cuadro. Poesía pura. Me ve la Rosalía y me dedica un disco entero.

Malamente ¡tra, tra!

Allí estaba yo mirándome las manos cuando oí una conversación que cambiome la vida. Salían dos humanos (notablemente más en forma que yo) alabando cómo se sentían sus cuerpos después de salir de un local que yo entendí que se llamaba ¡Vid, a Center! Decían sentirse plenos, fuertes, eufóricos, lozanos. ¡Y a fe que lo parecían! Así que me decidí a entrar en lo que yo suponía que sería un restorán de postín, no en vano cuando yo salgo de llenar la andorga en uno de mis chilangos favoritos, me siento también pleno y eufórico, la condición de fortaleza y lozanía de las mozas que fueron mi inspiración entiendo que vendrán de otro lado.

Mi percepción no podía ser más errónea, no. Aquello distaba mucho de ser un sitio donde llenar mis vacíos, pero al fin y al cabo supuso un cambio en mi vida. Allí conocí a Torquemada y aquel fue un conocimiento vital que os iré desarrollando con el paso de las medidas de tiempo humanas oportunas.

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