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90 kilos de extraterrestre entreverao a la conquista del mundo

No entiendo cómo en un planeta donde existen la cerveza y el vino, los torreznos y la pizza, la gente puede encontrar tiempo para trabajar. Es lo primero que me llamo la atención nada más aterrizar (aún en mi forma energética) hace un año en el aeropuerto de Ciudad Real.

Sí, soy un extraterrestre de cuyo planeta de origen no quiere, ni puede acordarse y que me aspen si me acuerdo por otra cosa que no sea las comidas de mi madre. Ojo, soy un extraterrestre del montón, de andar por casa, no se me imaginen uno de esos ejemplares formidables de capacidades sobrehumanas. No soy Predator, ni el octavo pasajero aquel, evidentemente no soy supermán… no sé… algo entre Alf y ET. Eso sí, tengo unos ojos preciosos en mi formato humano.

Lo cierto es que el viaje desde mi planeta, que por nadie pase, me dejó el envase algo, digamos que “perjudicao”. Si uno va en el coche de Ciudad Real a Santander ya se baja con el cuerpo atorao, imagínense un viaje estelar de 10 años luz en el equivalente cósmico de un Seat Panda del 83. Llegué hecho un trapo.

Ya en la tierra, en mi destino manchego (mis planes de colonización tenían que empezar por algún sitio) descubrí el concepto humano de alimentación e hidratación y lo que era un cuerpo cansado pero lozano, se convirtió en una escombrera de kilos de grasa y vísceras que recuerda vagamente al envase que me agencié al llegar a Ciudad Real.

El peso de 90 kilos que me adorna es difícil de mantener. Para empezar, exige una ingesta alimentaria importante. En raras ocasiones se escapan cada día de mi orificio de entrada de alimentos 500 gramos de pan, 400 de embutidos varios, 1500 ml de helados (da igual el sabor o la textura, lo necesito para bajar mi temperatura interna y no, el agua no funciona igual) y 2000 ml de cerveza. ¡Ah! y pasta, a discreción, lo que el cuerpo pida.

Y, claro, cada vez me cuesta más moverme. Parpadeo con cierta potencia. Es mi mayor alarde físico.

Mi vida sería perfecta en esa orgía de asimilación de grasas y alcoholes si no fuera por un detallito: a mi me mandaron a la tierra para que conquistara el planeta.

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    • Filochofo de Cercedilla
    • 12/12/2019
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    Ridiós, yo el estilo literario de este extranjerísimo (cuidao con unos que también van de verde últimamente los de «box» o algo asin). Me suena. Tendré que estar pendiente.
    Si necesita usté de quinta columnistas que traicionen al género humano en sus planes de conquista, deme un toque, que como pesimista antropológico kantiano pienso que todo mejora sin humanos.

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